REHABILITACIÓN INTEGRAL DE VIVIENDA
VALLADOLID
La intervención se sitúa en uno de los barrios más populares de la periferia de la ciudad. Aquí se desarrolló en la posguerra española un ejemplo de asentamiento habitacional básico y que a día de hoy tiene un gran interés desde el punto de vista social, histórico y constructivo.
Las viviendas molineras, construidas a principios de los años 50, se conciben como un pequeño núcleo de carácter rural y baja densidad. Su construcción responde a una estrategia de economía de medios, empleando el ladrillo como material prácticamente exclusivo y reduciendo al mínimo el uso de acero y hormigón mediante bóvedas tabicadas para los forjados. Las fachadas, sencillas y sin ornamentación, se resolvían mediante enfoscado y encalado, aprovechando materiales y técnicas de fácil ejecución y bajo coste.
El resultado es una arquitectura austera y repetitiva, donde la simplicidad constructiva, la racionalización de los recursos y la adaptación a una disponibilidad limitada de mano de obra y materiales fueron claves para hacer posible una vivienda social digna en el contexto de escasez de la posguerra.
Este será el contexto en el que nuestra clienta decide rehabilitar una de estas viviendas, distribuida únicamente en planta baja, para convertirla en un hogar capaz de responder a sus necesidades habitacionales y ofrecer un elevado confort térmico en un clima tan exigente como el vallisoletano.
Preexistencia y estrategia de intervención
La planta de la vivienda puede describirse como un cuadrado de aproximadamente 10 × 10 m. La fachada a la calle se orienta prácticamente a norte, mientras que la fachada trasera, orientada a sur, se vuelca sobre un patio de dimensiones suficientes. El resto de las fachadas se resuelven como medianeras.
Al menos, la orientación de la vivienda ofrecía las mejores posibilidades dentro de las condiciones impuestas por su implantación en una retícula urbana.
La intervención conservará la envolvente y gran parte de la estructura existente. Será necesaria la consolidación estructural de determinados elementos y, principalmente por razones de habitabilidad y de adecuación al nuevo programa, algunas de las divisiones interiores no podrán mantenerse. Su eliminación permitirá introducir nuevas relaciones espaciales, así como mejorar las condiciones de iluminación y ventilación natural.
Sin duda, uno de los elementos más singulares del inmueble es la retícula de bóvedas tabicadas que conforman los techos y soportan la cubierta actual. Estas se conservarán y adquirirán un papel protagonista en la rehabilitación. No obstante, su presencia condicionará en cierta medida la nueva distribución y la estrategia de intervención. La necesidad de conservar las bóvedas dentro de una nueva organización espacial se resuelve mediante vigas de acero conformadas de doble UPN, que soportan la base de las bóvedas y permiten liberar los tabiques portantes originales.
Gran eficiencia energética y uso de energías renovables
Los principios pasivos estarán presentes en la estrategia del proyecto.
El edificio parte de una buena orientación y de una adecuada compacidad volumétrica, condiciones fundamentales para reducir las demandas energéticas. Sin embargo, la envolvente térmica existente presenta unas prestaciones muy deficientes, por lo que las pérdidas energéticas actuales son elevadas.
Un elevado nivel de aislamiento térmico en suelo, fachada y cubierta, junto con la sustitución de las carpinterías por otras de altas prestaciones, con triple vidrio y gas argón, serán las claves para conseguir un edificio que apenas necesite aportes energéticos durante buena parte del año, incluso en un clima tan exigente como el vallisoletano.
La fachada se aislará mediante un sistema SATE de 80 mm, proporcionando continuidad al aislamiento y reduciendo los puentes térmicos. El suelo contará igualmente con una capa de aislamiento de 80 mm de XPS, mientras que en la cubierta se insuflarán aproximadamente 20 cm de celulosa sobre las bóvedas tabicadas originales.
La vivienda se acondicionará mediante un sistema de suelo radiante-refrescante alimentado por aerotermia. Su consumo energético se verá minimizado mediante la instalación de 10 placas fotovoltaicas en cubierta. Además, la incorporación de una estufa insertable de leña permitirá aportar calor en aquellos momentos en los que las condiciones climáticas no requieran mantener en funcionamiento de forma constante la bomba de calor.
En definitiva, la intervención busca dar una nueva vida a un edificio cargado de historia, construido en un contexto social y económico muy diferente, adaptándolo a las necesidades y exigencias del presente. Una arquitectura que conserva la memoria de lo existente y pone en valor sus elementos constructivos, al tiempo que transforma el espacio en un hogar confortable, eficiente y pensado para dos personas muy especiales.