VIVIENDA UNIFAMILIAR PASIVA DE MADERA Y PAJA
ÁLAVA
Casa Oyón supondrá un reto importante. El promotor, agricultor vitivinícola, disponía de un viñedo en lo alto de una loma, en plena Rioja Alavesa. Su objetivo era construir su primera vivienda junto a su viñedo ecológico, desde donde disfrutar de unas poderosas vistas que alcanzan incluso la ciudad de Logroño.
La dificultad de poder edificar en suelo rústico, aun cumpliendo los numerosos requisitos exigidos, no desanimó inicialmente a nuestro cliente. Tenía las ideas claras y así comenzaba un camino largo, pero finalmente satisfactorio.
El lugar permitía una cierta libertad a la hora de elegir la ubicación de la vivienda, más allá de evitar situarla demasiado próxima a las viñas para facilitar las labores agrícolas. El acceso a la parcela sería uno de los condicionantes, pero, sin duda, el más importante sería la orientación y la presencia de fuertes vientos predominantes que, en lo alto de aquella loma, se producen de manera puntual.
La vivienda debía convertirse en un refugio frente a todos estos condicionantes atmosféricos, así como frente a los inviernos fríos y los veranos calurosos. Por eso, el promotor lo tenía claro: su hogar tenía que ser una casa de paja.
Programa y necesidades
Íbamos a necesitar un edificio capaz de albergar tanto los espacios destinados a las labores agrícolas que demandaba la viña como los propios de la vivienda. Por ello, era importante disponer de un garaje generoso, con capacidad para varios vehículos y que pudiera utilizarse puntualmente como almacén.
La vivienda, pensada a largo plazo, contaría con espacios generosos. El acceso se realiza tras atravesar un porche cubierto, que sirve de transición y conexión con el exterior. Una vez dentro, un gran espacio de salón-comedor en doble altura da la bienvenida al hogar.
Una gran estufa encastrada preside este espacio. Frente a ella, un gran muro de mampostería de piedra separa la zona de día de la zona de noche, donde se distribuyen varias habitaciones orientadas al noreste, entre ellas el dormitorio principal, con vestidor y baño en suite.
Junto al gran muro de piedra se dispone una escalera metálica, abierta al vacío, que facilita el acceso a una planta bajo cubierta de altura muy confortable. En ella se plantea inicialmente un espacio diáfano, con la posibilidad de acondicionarlo en el futuro. Desde esta zona, conectada visualmente con el gran espacio del salón, se accede a una amplia terraza integrada en la cubierta inclinada. Un lugar desde el que una posible futura habitación de invitados podrá disfrutar de unas vistas privilegiadas sobre un horizonte infinito de viñedos, en una de las grandes cunas mundiales del vino.
Casa pasiva con el uso de materiales naturales: construcción con paja
Los principios de la bioconstrucción y el empleo de materiales de origen natural constituyen uno de los principales criterios constructivos del proyecto. El cliente tenía muy claras estas premisas, fruto de su profundo respeto por el medio ambiente. Así lo entendía en el cultivo de sus viñas y en la elaboración del vino que de ellas obtenía, y así debía entenderse también la construcción de su casa. Por eso contactó con nosotros, debido a nuestra experiencia en este tipo de edificaciones.
Los muros portantes se resuelven mediante módulos prefabricados de madera rellenos de paja de trigo prensada, de 35 cm de espesor, que combinan la capacidad estructural de la madera con las excelentes prestaciones térmicas y acústicas de la paja.
Hacia el interior, estos elementos se revisten con morteros de arcilla, cuya capacidad higroscópica contribuye a regular la humedad ambiental y cuya masa térmica ayuda a amortiguar las variaciones de temperatura, acumulando y liberando calor de forma gradual. Al exterior, se aplica un revestimiento continuo de mortero de cal, conformando una piel exterior transpirable y resistente al agua de lluvia.
La cubierta, sencilla y a dos aguas, se construirá mediante una estructura de madera laminada. Su aislamiento se resolverá igualmente con paja, incorporando un gran espesor de 35 cm y cuidando especialmente su encuentro con el alero. Este recurso permite configurar lo que se conoce como un «alero pasivo». Sobre el entarimado de pino, visto desde el interior de la vivienda, y tras la correspondiente lámina de freno de vapor, se disponen celdas prefabricadas de madera en las que queda embebida la paja.
El suelo de la vivienda contará también con un importante espesor de aislamiento rígido, con el objetivo de conseguir una envolvente continua y minimizar los puentes térmicos.
Una arquitectura basada, en definitiva, en materiales naturales, transpirables y capaces de regular la humedad interior, capaces de proporcionar espacios confortables y saludables.
Una estufa de leña: suficiente incluso en inviernos fríos
La estrategia energética parte de una premisa sencilla: reducir al máximo la demanda antes de incorporar sistemas activos. La orientación, la captación solar, la protección frente al sobrecalentamiento, la calidad de la envolvente, la ventilación cruzada y el control de las infiltraciones configuran un edificio de elevada eficiencia basado en principios esencialmente pasivos.
- Envolvente de altas prestaciones térmicas
Muros, cubierta y suelo incorporan elevados espesores de aislamiento, conformando una envolvente continua de gran resistencia térmica y minimizando los puentes térmicos.
- Carpinterías de altas prestaciones
Carpinterías de madera con triple acristalamiento bajo emisivo y cámaras de gas argón reducen las pérdidas térmicas y mejoran el confort interior.
- Hermeticidad al aire
La continuidad de la envolvente se garantiza mediante morteros y láminas selladas en encuentros y carpinterías, limitando las infiltraciones no deseadas.
- Control solar
En verano, un porche se extiende hacia el sur. Junto con el uso de contraventanas exteriores de madera, permitirá evitar el sobrecalentamiento. La masa térmica de los suelos, los tabiques y los morteros de arcilla contribuirá, además, a amortiguar las oscilaciones de temperatura y a mantener unas condiciones interiores más estables.
Estas estrategias pasivas permiten alcanzar una demanda energética extraordinariamente reducida, hasta el punto de que la calefacción se limita a una estufa de leña de 8 kW.
Por tanto, conseguimos un edificio de consumo casi nulo, al que se incorpora además una instalación fotovoltaica ubicada en el paño sur de la cubierta inclinada, capaz de generar, en determinados momentos del año, un balance energético positivo.